30 de agosto de 2008

Escrito en las rocas, o cuando la Tierra habla (I)

Historia, quoquomodo scripta, delectat.
Plinio

Es lugar común situar los libros que cuestionan los paradigmas aceptados por la arqueología en general y la egiptología en particular en la periferia de lo aceptable, rayando en lo absurdo y —presuntamente— paranormal. En el caso del libro que traigo hoy está definición resulta inaceptable.

Escrito en las Rocas (Editorial Oberón, Grupo Anaya, S.A, Madrid, 2002), obra del autor norteamericano Robert M. Schoch, no es exactamente un libro de egiptología, ni siquiera de arqueología o de Historia, pero tiene mucho en común con todas ellas. En realidad, este libro trata sobre geología, pero una geología directamente enfocada al desarrollo del ser humano.

Asignatura largamente odiada en los bachilleratos de ciencias —en los de antes, porque los actuales han sustituido los libros por la plastilina y el estuche de Pelikan (si aún existen)— por su aparente extensión y plúmbeo conocimiento, la geología es una de mis pasiones secretas. Me podía haber dado por el espiritismo o el coleccionismo de sellos. Pero no. Me dio por la geología, la astronomía, la historia, la filosofía y la literatura. Y la facilidad que tiene Schoch para transmitir conceptos, en ocasiones difícilmente aprehensibles (como los Ciclos de Milankovitch o la teoría del cambio de los polos magnéticos terrestres) han contribuido largamente a que mi interés inicial se transforme, con el tiempo, en un deseo de conocer más sobre esa “escritura en las rocas” de la que tenemos tanta necesidad y ante la que estamos tan en deuda.

El libro se estructura en varios bloques temáticos, cada uno de interés per se. Especial mención merece el primero, que habla precisamente en los mismos términos con los que inicio esta entrada: el necesario cambio de paradigma que la ciencia tiene que operar sobre sí misma para ayudar a su mejor comprensión y despojarla de ese halo de autosuficiencia y Verdad absoluta con que frecuentemente se imbuye.

Se entierran, en ocasiones, el mismo número de pruebas que se recogen, en un intento —inútil— de negar la evidencia de que no todo es como nos lo cuentan, de que es necesario seguir investigando y, al mismo tiempo, mantener la mente abierta a nuevas posibilidades, aunque éstas contradigan por completo aquello que teníamos por cierto y demostrado.

Si ésta fuera la mentalidad de las Universidades y los centros de investigación quizá el conocimiento que el ser humano tiene de sí mismo sería más amplio e integrador. Por desgracia, y especialmente en las facultades cuyo ámbito aborda estos temas, el estudio se limita a unos pocos apuntes. Sin cuestionarse nada. Tragamos verdades absolutas, y en ocasiones uno tiene la impresión de que en lugar del desarrollo de la civilización lo que le están explicando es el Talmud, en versión indigesta e irrebatible.

Quizá por eso todavía no me he decidido a estudiar la carrera de Historia. Les iba a resultar bastante incómodo a algunos.

2 comentarios:

Jaime González dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan dijo...

A pesar de que el comentario publicado aquí ha sido borrado por su autor nada más escribirlo, sí me gustaría hacer una anotación sobre lo dicho:


Si utilizo esas expresiones acerca de la carrera de Historia, tal y como está planteada ahora, lo hago porque para mí es algo más que una asignatura o un plan de estudios: es mi auténtica vocación, aunque no haya tenido la oportunidad de desarrollarla. Desgraciadamente, para muchos tener una carrera sobre una materia no implica ser un entendido en ella. Conozco personas que sin terminar el bachillerato podrían dar auténticas lecciones incluso a un profesor universitario. Estoy en desacuerdo con la metodología de muchos profesores, que es absolutamente acrítica, por mucho que haya quien se empeñe en negarlo, y repetitiva de paradigmas totalmente obsoletos y ni siquiera medianamente revisados. Es mi libertad de expresión y como tal tienes que respetarla, aunque te disguste. Si critico los planes de Historia y a parte del profesorado es porque me encanta la Historia, no porque la desprecie, como erróneamente has interpretado.

He revisado y he eliminado partes de este escrito y del último post en el que mencionaba de pasada el tema, pero no por el comentario publicado, sino porque al leerlos he visto que mi análisis es injusto y mi crítica susceptible de ser malinterpretada. También hay buenos alumnos y buenos profesores en la carrera de Historia, y no me gusta ser prejuicioso en mis conclusiones. Por la generalización equivocada y por lo contundente de mi opinión (bastante en caliente, todo hay que decirlo, y por motivos que no vienen al caso), junto con lo poco acertado de mi comentario he modificado parte de los contenidos de esas dos entradas. Soy humano y también me equivoco.

Eso en cuanto al tema del comentario. En cuanto al modo y el sujeto que lo publica, tengo serias dudas de tu cualidad de historiador, o como poco el disfraz te queda grande, porque tu expresión escrita es sumamente pobre y barriobajera, y un licenciado universitario debería al menos ser capaz de argumentar su oposición sobre argumentos más sólidos que el insulto y la intromisión en la vida personal del otro, vida que, por cierto, desconoces totalmente como para permitirte un juicio de ese calibre. Seas lo que seas, la zafiedad de tus palabras te quita la razón aunque la llevases, por lo que no voy a comentarlas ni a darles la menor importancia. Si en lugar de lanzar ese exabrupto hubieses expresado tu discrepancia de otro modo, yo simplemente hubiera retirado los comentarios e incluso hubiera pedido disculpas. Pero, francamente, pones difícil que algo como eso suceda ya.

Por respeto a los demás lectores de este blog, porque todo el mundo tiene derecho a equivocarse y porque, afortunada o desgraciadamente, es muy fácil ver de dónde provienen determinados tráficos de red, no voy a reproducir las dos líneas que has escrito y voy a olvidarlas. Ojala que, al menos, algo del blog te haya gustado, y que no vuelvas a decirle a nadie grosería semejante nunca más.