1 de septiembre de 2008

R&N en la Plaza del Pueblo...

Mucha gente piensa que tocar en un grupo de música es tan sencillo como subir a un escenario, enchufar una guitarra y empezar.

La realidad es bien distinta. Ayer (domingo 31 de agosto) estuve tocando en Olías del Rey (Toledo), en el segundo de dos conciertos que teníamos apalabrados Equinoccio (la banda con la que toco) en un centro comercial llamado Puerta de Toledo. Quiero contar hoy cómo es el desarrollo completo de una actuación, para quien no lo conozca.

La preparación comienza horas antes del concierto. Si no se tiene la suerte de contar con la instrumentación necesaria para abordarlo (técnico de sonido, instrumentos in situ, etc.) el principio consiste en recoger y transportar todo lo necesario. Y lo necesario, en este caso, no es poca cosa: aparte del instrumento personal de cada uno (el musical, para los mal pensados), es necesario llevar amplificadores (uno por cada instrumento, contando teclado también), la batería, el cuadro de voces, la mesa de mezclas y el cableado pertinente. A eso hay que sumarle otros elementos, como bastidores, pies de guitarra, de micro y sus fundas y cambalaches pertinentes. El todo, como se comprueba, es bastante más prolijo de lo que parece a simple vista, salvo que seas Bustamante (no es el caso).

Cuestión no secundaria es llegar hasta el lugar en cuestión. Si se es tropa de infantería hay que acoplarse en el primer sitio que se pueda, tratando de transportar la reata de bultos del modo más humano posible (servidor, un bajo Epiphone y un amplificador Behringer de 180W que pesa 25 kilos de nada…) hasta un lugar que puede ser cercano, pero también estar allá donde Cristo pegó las Tres Voces, como era el caso en esta ocasión.

Una vez allí, hay que tratar de localizar un algo que te permita llevar todos los bultos hasta el escenario. Es cuestión de echarle imaginación: esta vez hubo suerte y había una tienda de carpintería cerca, con lo cual pudimos acarrear todo el equipaje de la forma tan apañada que se observa en la fotografía.

Después viene la tarea más compleja: montar todo el artilugio y que suene. Ya dije antes que no siempre se tiene la suerte de disponer de técnico de sonido que ecualice y monitorice el resultado, así que la prueba de sonido (imprescindible) suele durar más tiempo cuando es uno mismo el que tiene que poner cada cosa en su sitio. El mínimo de tiempo que se gasta en este procedimiento es de una a dos horas. Y por supuesto, afinar y probar el instrumento por tí mismo. Aquí no tenemos personal que lo haga mientras nos tomamos una caña, así que toca comprobar que todo esté perfecto para que después no haya sorpresas de última hora.

El tiempo que media entre la prueba de sonido y el comienzo de la actuación se suele gastar en reponer fuerzas en el bar más cercano, si lo hay. Aunque a mí me guste empezar casi inmediatamente de los prolegómenos, eso no es siempre posible: dependes del local y del negocio, y normalmente las pruebas de sonido y el montaje se hacen mucho antes, cuando el establecimiento o lugar está cerrado al público.

La actuación es sí es lógicamente la mejor parte del asunto, dependiendo, claro está, del quórum que te encuentres. Puede suceder que toques en un local de música en directo, con lo que la clientela que acude está más acostumbrada y sabe a lo que va. Esa clase de conciertos suele ser más agradable y más exigente: sabes que quien va alguna música ha escuchado en su vida. Pero también puede ocurrir que no tengas tanta suerte, y te toque alguna fiesta patronal o actuación en lugares con gente con el oído poco acostumbrado a esas exquisiteces. En ese caso, se trata de cumplir lo mejor posible y tratar de divertirse.

Por supuesto, para los inocentes, es preciso decir que no se liga tanto siendo músico. Por si alguno/a tenía pensado comprarse una guitarra y darle a la faena como quien se compra un perrito para ir a rondar a las señoras en el parque…

Una vez que todo termina empieza el proceso inverso, más ingrato: desmontar, recoger y marcharse. Ese proceso dura más o menos lo mismo que el anterior, con la diferencia de que ya estás hasta las narices y lo único que piensas es en marcharte a tu casa. En otro tipo de contextos (como Jam Sessions y etcéteras) la cosa puede alargarse hasta las tantas y ahí sí que caben muchas más posibilidades que las meramente musicales. Para quien le interesen, claro.

En resumidas cuentas, no todo es lo que parece. Pero merece la pena.

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