28 de septiembre de 2008

Apología de la ceniza y el viento (I)

Contraviniendo mi propia costumbre, en esta ocasión he decidido escribir una anotación a este poema. No porque quiera comentar nada sobre él, sino porque quiero hacer un par de precisiones sobre éste y los que llevo publicados hasta la fecha.

Prácticamente todos ellos han sido respetados, salvo ligerísimas modificaciones, en su redacción inicial. La mayoría los he escrito en noches insomnes, y he preferido dejarlos tal cual están, con sus incorrecciones o vueltas, porque mi intención al redactarlos era transmitir justo lo que mi corazón estaba sintiendo en ese momento. Con la sinceridad con que trato de abrir estas puertas, entiendo más leal respetar su propia esencia, aunque eso disminuya su calidad. Fueron escritos en pocos minutos, cada uno de ellos, del tirón y sin interrupciones, y reflejan exactamente lo que quise que reflejaran. Ahora ellos tienen vida propia, separada de mí. Ya no me pertenecen.

La segunda anotación gira en torno a este mismo poema, Apología de la Ceniza y el Viento. Es considerablemente más largo que sus hermanos, aunque esté dividido en tres fragmentos, secuencia que respetaré en esta publicación. La precisión es, por supuesto, que el orden en que debe leerse, una vez aparezcan todas sus partes en esta página, es descendente. A la primera parte le sucederá la segunda y a ésta la tercera, así que os pido que, aunque las leáis de forma independiente, una vez esté completo lo volváis a leer. Sólo de ese modo puede entenderse como un todo.

La inspiración para los versos lentamente se me está apagando, pero aún tengo sentimiento dentro para seguir escribiendo. Espero que después de vaciar de este modo mi alma pueda escribir otros versos distintos, de temática diferente, sobre todo aquello que quiero contar.

Un abrazo afectuoso.

APOLOGÍA DE LA CENIZA Y EL VIENTO
I
Quisiera encontrar, con éstas y otras armas
El refugio desconocido de tu ilusión. Pensar
Que los versos son saetas
Que hieren el aire, rápidos
Y no lastiman al contacto de tu corazón.

Teniéndote tan cerca, me separan
Millones de años de tu ser.
Siento la distancia imposible
Entre tu latido y el mío.

Quiera alguna vez mi canto
Ser escuchado por quien todo lo puede
Y poder dormir en tu pecho
Amoroso y cálido
Y reunificar al fin mi sincronía con la tuya.

Quisiera poder sentir que este sentido
No es ceniza dispersada por el viento
No reniego de la realidad posible
Pero tampoco quiero aceptarla:
No podría aceptar que tus ondas
No volviesen de nuevo a este malecón.

Teniéndote tan cerca me separan
Una infinitud de rostros y de nombres
De ti.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sigue el poeta tan enamorado y después vacío como cuando empezó a componer...

Sigue el poeta llorando la ausencia, con lágrimas de sangre que no coagulan... porque él se resiste a la rendición.

Piensa que, mientras haya vida, hay esperanza. Y tal vez necesite despertar un día con renovados pensamientos y verdes ilusiones.

A pesar de todo, el joven poeta escribe y derrama dorada sensibilidad a través de sus dedos, lo muestra al mundo orgulloso, y ansía un final feliz.

Y lo hace porque puede. Él sabe que puede.

Y ahora lo sabemos los demás.

Un beso, Juan.

Anónimo dijo...

El comentario-poema de Marga es esperanzador, toma nota, y sigue componiendo y espero que pronto sea por haber encontrado de nuevo el amor.