Ni perdonar el olvido de no parcelar tus tiempos
Esta vez lineales, de sucesión
De crisálidas pálidas y veraces
Que fueron encajando, una tras otra,
En los cimientos ocultos de tu ser.
No quiero ahora, tampoco, perderme tu floración
Ni dejar de ser
La tierra que recoja tu savia cuando fluya,
Mansamente, por tus tallos,
Por ese camino inverso que podríamos recorrer
Como fugitivos sonrientes y callados.
No quiero desesperar en la imagen lúgubre
De ver descifrar las claves de tu mapa en mano ajena:
Perdone Dios mi atrevimiento al proclamar
La ajenidad de este derecho.
No quiero que la semana agote sus días
Para no entrever el horror de verte convertida
En horizonte, lejos
De mi realidad tangible,
Y en honda presa de halcón esporádico
De virtudes y futuros.
No quiero acometer la certeza
De verte fundida y entregada a la nada
Del engranaje mecánico de una sustitución
Real.
Impersonal.
No podría entenderte disfraz, o máscara
De ninguna representación de amor puesta en escena.
¿Podrás entenderme en esta parábola agónica
Cuando te diga que no quiero verte en mi piel de ayer?
¿Podrás leer más allá de las palabras
Y encontrarme tras de ellas?
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