1 de octubre de 2008

Apología de la ceniza y el viento (y III)

III
Quisiera, en esta larga noche que es
La eterna ausencia de tus manos en mi cuerpo
Poder soñar, y ser incapaz de distinguir
Si el sueño es la realidad, y el presente
Una larga broma disfrazada de ficción.

Quisiera dormir, y no despertar,
Y dejar que tus labios me acaricien entre brumas
Y que mis lágrimas corran mansas
Para implorarle al sol que detenga su camino
Y no me robe con su luz esa fugaz
Ilusión.

Teniéndote tan cerca, sólo mis ojos
Me separan de la dicha
Y me acercan al dolor.

Quisiera, por fin, que a este ocaso
Le sucedieran un millón de amaneceres,
Y que estas cenizas, niña mía
Heredaran al nuevo hombre
Que se esforzó en distinguir
Si llegó para ser fermento de tu savia
O sólo restos gobernados por el viento.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sólo puedo decir: ¡precioso!, como el resto, he leído los tres.