No es casual, entonces, que el final del libro aborde precisamente eso: la interconexión entre los fenómenos naturales y la Humanidad. Muy alejado del populismo de ciertos políticos (algunos muy cercanos), Schoch habla del cambio climático, del efecto invernadero y de la Tesis Gaia de Lovelock, lo que para alguien interesado en las implicaciones espirituales de la materia y la Vida resulta más fácil de aceptar que el uso político del ecologismo y demás hierbas que se observan desde hace un tiempo por estas latitudes y otras. Entre un científico, Al Gore, ZP y usted mismo hay grandes diferencias en este sentido. Los mentados hacen uso electoral del tremendismo y de las nuevas banderas sin entender absolutamente nada de ellas, mientras que un científico o un místico —aunque sea pedestre— ven otras implicaciones menos materialistas y más divinas en este campo.
En otra ocasión quizá me atreva a hablar sobre cuáles son mis creencias religiosas (que las tengo, aunque pueden no resultar demasiado convencionales) y cómo se relacionan con las materias que estudio o por las que me intereso. Lo que es arriba es abajo, y desarrollos parecidos. Pero para eso tengo que hacer un enorme esfuerzo mental y personal, porque es la estructura básica de lo que me mueve y no hablo abiertamente sobre ello nunca. Es la parte más íntima del escribano, la que no ha revelado nunca ni a sus personas más cercanas, como no sea con apuntes o notas sueltas.
De momento es suficiente con el acercamiento a esta clase de libros. Para mí son más que ciencia, y eso basta. Momentáneamente.
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