16 de octubre de 2008

Detrás del papel: cómo se escribe un poema (o se intenta) (y II)

Volví a casa con los dos poemas escritos en una cuartilla y los trasladé a medio informático, pero sigo conservando los originales. La mayoría de los poemas que han venido después los he escrito en el mismo lugar y de la misma forma, pero la creación casi orgásmica de “Negación de tu retrato” y Miss You, mi poema favorito de esta serie, no he podido repetirla con ninguno de los demás. Una pena, porque por eso precisamente languidecen en algunos momentos y se quedan faltos de fuerza.

Como ya dije antes, no voy a explicar las metáforas de ninguno de estos poemas. No lo creo necesario, porque esa desnudez les privaría de su fuerza, y ya no son míos, sino de ellos mismos. Tampoco es preceptivo ni conveniente que la persona (o personas, porque no necesariamente tengo que estar refiriéndome a alguien tangible o a una singularidad) que haya podido inspirar estos poemas los vea traducidos al idioma inteligible de lo fácil y mecánico. Si en verdad hay algo que merece la pena explorar y comprender más allá de una primera lectura es el enorme y rico universo de los sentimientos de otra persona hacia ti. Sentimientos que, dependiendo de los casos, son agónicos, eróticos, calmados, tiernos, coléricos, tristes, jocosos o malvados, con todas sus posibles gradaciones, pero nunca con el poso de la indiferencia. La indiferencia es la Muerte del Amor y de la Amistad, y un poema que la contenga es como un oxímoron de sí mismo, un algo imposible y absurdo, porque la misma escritura de una sensación, aunque sea desagradable y condenatoria, es la negación de su olvido.

Sólo silencio es un poema exaltado y colérico. Así lo escribí deliberadamente, y así lo voy a conservar. Aproximadamente ella refleja la inmensa interrogación o incógnita en que suele convertirse la mujer, a fuerza de nuestros intentos vanos o notoriamente inútiles de entender sus gestos, o de inventarla tal y como quisiéramos que fuese, y no como es realmente. Para Variaciones en Re menor me inspira una sala de conciertos vacía en apariencia y habitada por dos espíritus distintos. Episteme es una confesión y un acertijo dedicado a mi querida niña con mis propias y obviamente enrevesadas palabras. Miss You es mi hijo predilecto, porque refleja exactamente el alcance, la potencia y hasta la Forma de lo que he pretendido al sentarme a escribir. Apología de la Ceniza y el Viento se convierte en un drama en tres actos con una idea central que lo convierte en círculo y no es tan aparente como parece en un principio. Impaciencia es un destino airado y un exabrupto literario que, a diferencia de sus hermanos, fue compuesto directamente contra la pantalla de un ordenador, la misma noche (qué resabios, qué momentos,… ) del 1 de octubre en que vieron la luz Pensamiento bastardo del Anochecer, Canción de Despedida y ciertos retazos de poemas que no sé si llegarán a completarse para formar algo nuevo o permanecerán como restos de material que nunca llegaron a cuajar, como los asteroides entre Marte y Júpiter.

Eso, y los otros dos poemas que faltan por ser publicados, es todo. Por el momento. Desconozco si la plasmación de una historia sigue el mismo camino para todos los escritores o este modo mío de escribir –a impulsos de noches insomnes y sabor de agua oxigenada en el paladar– es único, aunque lo dudo. De todos modos, la Historia no ha acabado aún: yo espero que tenga un final distinto, y que este conjunto de versos pueda ser imbricado en un futuro en un texto más amplio que contenga otras expresiones poéticas que a servidor le puedan salir del alma. De momento, me resisto, ante la parquedad de la obra y lo sentimental y acre de su ontología, a darle forma de un libro de poemas y un título común. Hacerlo sería casi como condenarlo a ser una historia cerrada y una tumba de ilusiones, que es justo LO QUE NO QUIERO QUE SEA. Por eso su/s posible/s lectora/s no los ha/n leído, salvo que lo haya hecho de forma apócrifa o sin revelar su acción: porque no quiero que los lea/n por el momento y vea/n la debilidad de quien lo escribe y la intensidad de lo que ha sentido o siente (y ahí se queda la incógnita del pasado o del presente) que no me corresponde a mí desvelar, sino a ella/s descubrir.

“¿Podrás leer más allá de las palabras
Y encontrarme tras de ellas
?”

Espero que sí. Te estaré esperando mientras,
A la vuelta de estas líneas.

1 comentario:

Mike dijo...

esta muy bien, si señor. Tomaremos nota para cuando vengan las musas