Todas esas lecturas tienen la culpa de que después comprase, con mucho esfuerzo, los sesenta y cuatro volúmenes de la colección Grandes Autores de la Lengua Castellana, de RBA.
Cuando empecé la Universidad mi existencia volvió a dar otro giro copernicano. Por aquel entonces mi casa de Madrid ya era algo así como un enorme desván de biblioteca, con los tomos colocados donde buenamente se podía, hasta en el recibidor de la entrada. Finalmente no estudié Historia, sino Derecho, y a mi casa empezaron a llegar códigos y manuales jurídicos, sobre todo de Derecho penal y Procesal penal, que fue la rama de conocimiento en la que me especialicé andando el tiempo. Aún así, continuamos comprando libros, especialmente de ficción (el ensayo vino después). De esa época son mis primeros contactos con Arturo Pérez Reverte (tengo prácticamente todos sus libros), Isabel Allende (La casa de los espíritus), etcétera. También comenzó un idilio que a muchos les sonará casi a insulto, pero acepto cargar con esa maldición. Me confieso pecador por haber leído más de ocho veces Gárgoris y Habidis: Una Historia Mágica de España. Si digo sólo el título, seguramente toda la franja de lectores me perdonará. Si digo que el autor es Fernando Sánchez-Dragó, probablemente algunos me retiren el saludo. Me es igual. El libro es un monumento a la España esotérica y desconocida. Que lo haya escrito Sánchez Dragó no tiene para mí ninguna importancia. Repito, de nuevo, que lo importante son las obras. Las personas lo son menos. Y tampoco tengo nada, a favor ni en contra, de ese hombre como para poder juzgarle.
Continuando con lo transversal, empecé, también por esa época, a tontear con las filosofías orientales y su cultura. Adquisiciones de mi época de perroflauta (pantalones de rayas, barba patriarcal…) son el Baghavad Gita, los libros sobre chakras y mística hindú, algún texto sobre Tantra Yoga (que no puse en práctica, por supuesto; andando el tiempo, quién sabe…) y otras hierbas relacionadas. Igualmente, las cosas de la edad me llevaron a leer con cierta frecuencia a Marx (El Manifiesto Comunista, El Capital), a Besteiro (Comunismo y Anticomunismo) y otros muchos libros relacionados con la política de ala zurda. Afortunadamente, la tontería duró sólo unos pocos años, los suficientes como para quedarme con la teoría y prescindir de cualquier clase de ideología que sea exclusiva y excluyente. De cualquier signo, tiempo o condición, a riesgo de caer en la masa amorfa del hooligan seguidor de una de las dos opciones, pollo o merluza, con que nos obsequia el maître de la casa (hablo sólo de los incondicionales, no de los votantes en general. Por si se me malinterpreta, que ultimamente pasa con cierta frecuencia).
Como todo lo que empieza debe terminar algún día, también terminó la universidad. De aquella época en la que viajaba a Murcia con frecuencia, cuando C. y yo éramos más que amigos, conservo el descubrimiento de la lectura por Internet y la poesía de Ungarettí, por ejemplo, sin descuidar otros autores. Descubrí 1984, de Orwell, y El Guardián entre el Centeno, de Salinger. Pero he de decir que ésa fue la época de mi vida en la que menos leí. Un máster para aprender a ser picapleitos y el tiempo que invertía en visitar y preocuparme por la mencionada, más la responsabilidad de tener que dirigir un coro de treinta personas y mi voluntariado en las prisiones no me dejaban mucho hueco libre, y los fondos tampoco me acompañaban, así que hubo que posponer las pasiones y transitar unos kilómetros por la vida real.
Cuando aquello terminó completamente y tuve que volverme a Madrid de forma definitiva la lectura fue para mí uno de los modos en los que aliviar mi dolor y mi soledad, aparte de otros que mejor no menciono. Por aquella época necesitaba un poco de bálsamo, así que retomé mis lecturas de los libros de Paulo Coelho (había empezado con El Alquimista, por recomendación de mi amigo Miguel Ángel, uno de los pocos seguidores de este blog -tengo pocos pero muy buenos-, pero tuve la mala suerte de extraviarlo al ir a hacer un examen a la Universidad). Leí, por indicación suya y por la de otra amiga, Carmen Padilla, A orillas de Río Piedra me senté y lloré, y poco a poco liquidé Verónika decide Morir, Manual del Guerrero de la Luz, Maktub, Brida, La Quinta Montaña y El Demonio y la Señorita Prym. Guardo mal recuerdo de otros, como una biografía de Frida Kahlo y Diego Rivera que era justo lo que estaba leyendo en el momento en que todo se vino abajo. Y por lo general, el libro que tiene connotaciones negativas lo termino, pero jamás lo retomo.
(Continuará...)
3 comentarios:
Debes estar orgulloso de ser un hombre tan instruído, tan leído...
De la inteligencia es de lo único que esta aprendiz de escritora no se aburriría jamás.
Sobre el pasaje oscuro del blog (al que te sumaste tarde, como para poder interpretarlo), es una larga historia que bien podría convertirse en un relato. Totalmente verídico.
En ocasiones, la realidad supera a la ficción. Éste es un ejemplo.
Tengo que pensarlo...
¡Un beso muy alegre, Juan!
Para Marga:
Anda, no me saques los colores,... :) He tenido la inmensa suerte de que mis padres me inculcaron desde muy pequeño esta pasión. Yo sólo soy tributario de esas enseñanzas, pero me queda muchísimo que aprender todavía. Afortunadamente, disfruto horrores con ese aprendizaje.
En cuanto a lo segundo, estoy convencido de que me encantará leer esa historia cuando la escribas, algo que te invito a hacer en cuanto puedas. De esa clase de vivencias personales pueden salir historias magníficas, y estoy seguro que tú como escritora que eres, y muy competente, podrás sacarle todo el jugo para que luego otros podamos regalarnos con esa verdad vestida (sólo aparentemente) de ficción.
Por lo demás, muchas gracias por leer esta entrada. Al principio sentía una especie de vergüenza infantil por publicar un artículo sobre libros. Pensaba que quizá iba a quedar un poco pretenciosa, pero después he ido disfrutando con su redacción, al permitirme recordar todos los tiempos (los buenos y los malos, que también son necesarios) e ir haciendo acopio de todo el camino transcurrido. Espero que todos los lectores lo vean así, y no como un ejercicio de Doctor Librote. Los que me conocen saben que me pega poco el papel,..
Un besote, Marga, y Feliz Navidad, por si no nos "leemos" antes...
Para "Duende Sideral" (Sospecho que ese duendecillo era antes de color amarillo, aunque no sabría decir por qué... ;)).
Claro que era apasionante, niña. Mira, te contaré que mi primer contacto con Frida Kahlo fue a través de la película que sacaron en 2003 y que fui a ver con quien tú ya sabes a un cine de Murcia, una noche de marzo que hacía mucho frío. Después, cuando llegué a Madrid, saqué la biografía de la Biblioteca de Cajamadrid de mi barrio, y me encantó, la verdad. Me cautivó mucho la personalidad y la propia existencia de aquella mujer, y la plasticidad y la Vida de su obra, en contraste con sus avatares personales.
El hecho de que no guarde un buen recuerdo de ese libro concreto es obvio, porque una semana después pasaron cosas un poco tristes, pero eso no quiere decir en absoluto que la obra de Frida Kahlo no me siga llegando e impresionando. En realidad, tengo una deuda pendiente y prometo saldarla volviendo a leer más sobre ella. Creo que es el único fantasma, junto con las canciones de Quique González (eso va a ser más duro; aún le sigo teniendo mucha manía...), que me queda que exorcizar de aquella época.
Apuntado queda, pues, para los deberes que me voy poniendo de cuando en cuando.
Un verdadero placer tenerte de vuelta entre estas páginas que puedes considerar como tuyas propias.
Un beso grande. Feliz Navidad.
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