(De La Llamada de los Gnomos)
Pertenezco a esa generación que creció (no que nació, pero casi) en los ochenta y sobrevivió (la broma no es mía, sino de una canción que también ha circulado mucho por internet en los últimos tiempos). A la generación del chicle Cheiw y de las coderas en el jersey. De los cómics de Zipi y Zape y Mortadelo o Filemón. Y también a aquella en la que algunos (al menos servidor) conocimos incluso el televisor en blanco y negro y la Despedida y Cierre de Televisión Española (con las imágenes de la Familia Real, un poco más joven y menos amorcillada que ahora). En fin. Traté de recordar cómo eran las tardes de un niño de esa edad más allá del manido Barrio Sésamo de las cinco y descubrí, o redescubrí, las sintonías de alguna de las series infantiles que tanto me gustaron, antes de que la diversión para niños mutase primero a las series violentas y después desapareciese de las parrillas de televisión, para ser sustituida por culebrones, tomates y demás hortalizas.
Aquí traigo algunas de ellas.
La primera de la que guardo recuerdo se llamaba Ulises 31, pero debió ser de una reposición posterior, porque esa serie la estrenaron en España en 1981 y por aquella época dudo mucho que tuviera la conciencia suficiente como para enterarme de ella. Sí recuerdo una escena con una escalera mecánica muy grande y la nave espacial circular, pero no sé si me confunden las brumas del tiempo.
La serie en sí es casi como la antecesora de Los Caballeros del Zodíaco, pero menos violenta y un poco más naïf, tipo años 70. La mitología griega ya era muy del agrado de los historietistas japoneses, como puede comprobarse...
Un poco después, o al mismo tiempo (supongo que porque también la repusieron) viene a mi memoria un programa para niños que se llamaba La Cometa Blanca. No logro recordar si coexistió con Barrio Sésamo o se emitía en horario diferente, pero la música no la olvidé nunca. Debí verla allá por 1983 o así, porque sí puedo recordar la sintonía y no creo que haya vuelto a verla nunca más. A mayor abundancia, el dibujante, al menos, de la portada ilustró algún libro de texto para niños de entonces. Mucho después descubrí que se llamaba José Ramón Sánchez.
Muchos recordarán más a David el Gnomo (con música de cierre, por cierto, de Hilario Camacho, cantautor tristemente fallecido hace un par de años y que tiene para mí canciones memorables, como Madrid Amanece o Taxi). A mí me gustó mucho más la serie del Juez Klaus, y por eso la comparto hoy con vosotros. En aquella época, además (y como se verá también en la siguiente entrada) las series para niños incluían entradillas con mensajes educativos, culturales o formativos (igual que hoy, vamos,...). Por eso, pido a quien se acerque a estas páginas que los lea atentamente. Lo mismo en nuestra propia actualidad pueden ayudarnos de algún modo.
Por el momento hoy es suficiente. Pero habrá más entradas sobre (mis) nuestras series infantiles. Creo que a muchos se os quedará una sonrisa en la cara cuando las recordéis, igual que me ha sucedido a mí.
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