7 de mayo de 2009

Retorno al paraíso perdido (I)

Nadie es mejor por ser más grande.
(De La Llamada de los Gnomos)

Uno de los patrimonios que podemos afirmar inembargables e inalienables es el de los recuerdos de la infancia. Hace días, en uno de esos ejercicios de memoria y curiosidad, estuve tratando de localizar músicas que me llevasen lejos, a los seis años, a los ocho, a la época en que todo parecía posible o estaba sin descubrir. No soy muy amigo de esas vueltas, pero de vez en cuando no está mal sacar una sonrisa recordando los sonidos que marcaron nuestro despertar. Es como volver a un paraíso perdido y del que ya nos cuesta recordar los caminos y las señas de identificación.

Pertenezco a esa generación que creció (no que nació, pero casi) en los ochenta y sobrevivió (la broma no es mía, sino de una canción que también ha circulado mucho por internet en los últimos tiempos). A la generación del chicle Cheiw y de las coderas en el jersey. De los cómics de Zipi y Zape y Mortadelo o Filemón. Y también a aquella en la que algunos (al menos servidor) conocimos incluso el televisor en blanco y negro y la Despedida y Cierre de Televisión Española (con las imágenes de la Familia Real, un poco más joven y menos amorcillada que ahora). En fin. Traté de recordar cómo eran las tardes de un niño de esa edad más allá del manido Barrio Sésamo de las cinco y descubrí, o redescubrí, las sintonías de alguna de las series infantiles que tanto me gustaron, antes de que la diversión para niños mutase primero a las series violentas y después desapareciese de las parrillas de televisión, para ser sustituida por culebrones, tomates y demás hortalizas.

Aquí traigo algunas de ellas.

La primera de la que guardo recuerdo se llamaba Ulises 31, pero debió ser de una reposición posterior, porque esa serie la estrenaron en España en 1981 y por aquella época dudo mucho que tuviera la conciencia suficiente como para enterarme de ella. Sí recuerdo una escena con una escalera mecánica muy grande y la nave espacial circular, pero no sé si me confunden las brumas del tiempo.

La serie en sí es casi como la antecesora de Los Caballeros del Zodíaco, pero menos violenta y un poco más naïf, tipo años 70. La mitología griega ya era muy del agrado de los historietistas japoneses, como puede comprobarse...

Un poco después, o al mismo tiempo (supongo que porque también la repusieron) viene a mi memoria un programa para niños que se llamaba La Cometa Blanca. No logro recordar si coexistió con Barrio Sésamo o se emitía en horario diferente, pero la música no la olvidé nunca. Debí verla allá por 1983 o así, porque sí puedo recordar la sintonía y no creo que haya vuelto a verla nunca más. A mayor abundancia, el dibujante, al menos, de la portada ilustró algún libro de texto para niños de entonces. Mucho después descubrí que se llamaba José Ramón Sánchez.

Otra serie entrañable, y muy recomendable por el mensaje y la enseñanza que transmitía era La Llamada de los Gnomos. La estrenaron después del profundo impacto que causó David el Gnomo (y que generó colecciones de libros, juguetes y un sinfín de productos, comerciales en apariencia, pero mucho más convenientes para el desarrollo de los niños que las armas, los videojuegos bélicos y demás parafernalia de hoy), y enseñaba a amar la naturaleza y a resolver los conflictos haciendo uso de la razón y la palabra, y no el insulto o la violencia. Eso nunca puede dejar de ser recomendable. Algunos adultos que conozco hoy son individuos totalmente cavernarios por dejar de prestar atención a esas enseñanzas. Generalmente les suelen gustar las armas, los entretenimientos violentos, el culto al cuerpo y cualquier otro género de expresión exaltada de los sentimientos primarios, por lo que es fácil reconocer a especímenes de ese tipo. Y más aún evitarlos. Es igual. En cualquier caso, la clase de visiones de dibujos animados como La Llamada de los Gnomos dejan un poso que se observa con los años, cuando ya has vivido y experimentado lo suficiente como para hacer un primer análisis de qué eres, qué quieres y hacia qué lugar vas.

Muchos recordarán más a David el Gnomo (con música de cierre, por cierto, de Hilario Camacho, cantautor tristemente fallecido hace un par de años y que tiene para mí canciones memorables, como Madrid Amanece o Taxi). A mí me gustó mucho más la serie del Juez Klaus, y por eso la comparto hoy con vosotros. En aquella época, además (y como se verá también en la siguiente entrada) las series para niños incluían entradillas con mensajes educativos, culturales o formativos (igual que hoy, vamos,...). Por eso, pido a quien se acerque a estas páginas que los lea atentamente. Lo mismo en nuestra propia actualidad pueden ayudarnos de algún modo.

Por el momento hoy es suficiente. Pero habrá más entradas sobre (mis) nuestras series infantiles. Creo que a muchos se os quedará una sonrisa en la cara cuando las recordéis, igual que me ha sucedido a mí.

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