1 de abril de 2009

Sinuhé el Egipcio

¿Acaso has cometido alguna acción para temer que se te castigue? No has blasfemado de manera que hubiera que oponerse a tus palabras, ni tampoco has provocado oposición en las discusiones de los consejeros, de forma que hubiera que actuar en contra de tus intenciones. Te has marchado únicamente por lo que pensaste, pero no porque yo tuviera algo contra tí en mi corazón.

Palabras de Kheperkare Senusert, Rey de Egipto, a Sinuhé.
Historia de Sinuhé. Imperio Medio.

De las novelas que se han escrito ambientadas en el Antiguo Egipto, ésta es para mi gusto la más lograda de todas.

Sinuhé el Egipcio (Mika Waltari, 1945) es una novela ambientada no sólo en los finales de la XVIII Dinastía egipcia, sino también en la Historia de las naciones e imperios circundantes. Sinuhé comienza su historia como estudiante de la Casa de la Vida y, al igual que el protagonista de la Historia de Sinuhé redactada en el Imperio Medio, se ve forzado a huir de su patria, no por conocer los secretos de una trama de asesinato, como en la primera, sino por culpa de una mujer. Para ello tiene que romper con su pasado, con sus raíces y con sus errores.

Aquí el autor traslada a la antigüedad cuestiones que son bien contemporáneas, como son la lealtad a los gobernantes -por podridos, pasionales y corruptos que éstos resulten ser-, el auge y declive de las convicciones en las que se sustenta una nación o el poder a veces totalitario de una institución religiosa, junto con otras que se pierden en la noche de los tiempos, como el miedo, la pasión destructiva o el amor a la tierra que lo vio a uno nacer.

Sinuhé abandona Egipto y empieza su peregrinaje por distintas naciones, como la protohisraelita (los khabiri), Mitanni (destinada a desaparecer muy poco después fagocitada por el imperio hitita), Babilonia y su "Jornada del Falso Rey", el propio y emergente imperio de Katushash y hasta Creta. La excusa es aprender mejor el oficio de médico. La realidad es huir de sí mismo y de su Destino, que sin embargo, y como suele suceder con todos los destinos, lo acompaña donde quiera que va. En este protagonista que se erige como un verdadero antiquijote (porque no es, ni pretende ser, héroe de virtudes ni ejemplo a seguir) existe su contrapunto, su Sancho Panza, representado por el esclavo Kaptah, que aporta la visión lúcida en los sueños locos de su señor y que finalmente se revela como la verdadera cabeza pensante de un grupo en el que no faltan las damas de novela, abocadas en todos los casos a lo trágico o a lo irreal. Como la vida misma.

Sinuhé vuelve a Egipto tras años de ausencia con honores y se ve inmerso en los acontecimientos políticos que marcaron el final de la Dinastía más importante de la Historia de ese país. La herejía atoniana está tratada en función de los avances científicos e historiográficos del momento (aún se estaban analizando la Correspondencia de Amarna, dispersa por varios Museos desde el descubrimiento de las primeras en 1887 1892, y se estaba emprendiendo el estudio de los talatat del Templo de Atón en Tebas), pero en líneas generales, salvo la omisión de algún personaje que después se ha revelado como al menos influyente (caso del supuesto faraón Neferneferuaton, el misterioso personaje de la KV 55 o la no menos enigmática y pretendida madre de Tutankhamon, Kiya), algo que no podía estar en las manos del escritor cuando compuso la obra, el resto de la factura es exquisita.

La trama finaliza ya durante el reinado de Horemheb, con un Sinuhé anciano que se sienta a escribir sus memorias para evitar que sean pasto del olvido.

Este libro debió comprarlo mi padre a finales de los años setenta, porque lo recuerdo de toda la vida (junto a otros como Éxodo, de León Uris, Las Sandalias del Pescador, de Morris West, o El Exorcista, de William Peter Blatty) colocado primero en un mueble de color pino en el salón de estar de mi casa, y situado después en otro mueble de color blanco que aún sigue allí. Por aquella época había poca posibilidad económica de comprar muchos libros, y el Círculo de Lectores era un modo asequible de acceder a la literatura. Me alegro de que eligiese ese título y no otro, porque después de veinte años de haberlo leído por primera vez sigue sorprendiéndome como al principio. Me trae muchos recuerdos cada vez que abro sus páginas.

No he desvelado la trama completa del libro, porque eso es casi como destripar una película, y pierde la gracia. En algún kiosko de la Glorieta de Bilbao creo que venden todavía la edición que sacó El País hace unos años, un poco cutre de encuadernación, pero igualmente válida para acercarse a esta novela apasionante, ahora que parece que el género histórico está de moda.

A mí sin embargo me sigue gustando leer el ejemplar antiguo, con sus páginas amarillas y su funda desencuadernada. Le da más aire de libro de los que marcan, y para siempre.

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