23 de octubre de 2007

Los Hijos de la Tierra (I)

Vuelvo a retomar las páginas de este blog con la energía supuestamente renovada. En estas tres semanas me ha sucedido casi de todo: desde la lucha contra las estadísticas tan maravillosas que el iluminado de turno (esta vez de izquierdas, para más INRI) quiere vendernos a diversas obligaciones, pasando por una estupenda bronquitis que han provocado mis saludables hábitos actuales.

Como es mejor tarde que nunca, y por aquello de mantener la fidelidad de los numerosísimos lectores de esta página (!), hoy voy a incluir una amena entrada sobre libros. Vamos a hablar de Los Hijos de la Tierra.

Para los menos familiarizados con el nombre, no sé si recordáis una colección de libros que salió con el diario El País hace un tiempo, sobre (supuesta) novela histórica. La edición era pésima: libros con numerosas erratas y peor encuadernados (alguno ya lo tengo medio deshecho). Compré pocos: el Ben-Hur de Lewis Wallace, Akhenaton de Naguib Mahfuz, Sinuhé el Egipcio, de Mika Waltari (la edición del Círculo ya no aguanta ni la tapa) y, por encima de todos ellos, El Clan del Oso Cavernario, de Jean M. Auel.

La verdad es que este último libro lo tuve muerto de asco en la estantería hasta pasados varios meses. En el verano de 2006 decidí echarle un vistazo, para ver si entraba en la categoría de “libros-para-leer-en-el-autobús”. Pero para mi sorpresa, me enganchó prácticamente desde el principio, algo que no me sucedía desde los Caballos de Troya de Benítez (hasta el 5º, más o menos; a partir de “Cesarea”, la historia se vuelve ya definitivamente un facsímil de El Libro de Urantia).

El Clan del Oso Cavernario

A lo que vamos. La historia de Ayla, la pequeña niña Cro-magnon criada por un pueblo de neandertales afincados en Crimea me sedujo desde la primera página. El estudio de Auel de las costumbres, los modos de vida y las relaciones sociales de aquellos primeros seres me pareció una de las mejor documentadas que he leído en toda mi vida. Uno se iba familiarizando poco a poco con el instinto maternal de Iza, la inmensa sabiduría innata del Mog-Ur Creb Un-solo-ojo, las dotes de mando de Brun o la chulería del infausto Broud, y casi se sentía un poco padre de ese pequeño Durc mitad “otro” mitad “cabeza chata”. El resto de los personajes no son menos interesantes, así como contemplar la transición de la niña débil en una mujer que transgrede todos los cánones de la sociedad en la que le toca vivir. El supuesto machismo de los neandertales ya resulta un poco más difícil de creer, por aquello de la comparación entre nuestros paradigmas y los de nuestros Primeros Padres, vistos desde nuestra óptica y no desde la suya.

El estudio sobre aquellos otros humanos sigue siendo incompleto incluso entre los investigadores, por lo que permitirse ciertas licencias tampoco es tan osado, tratándose de una novela tan bien estructurada como ésta. Es destacable, por otro lado, el recurso a la supuesta memoria colectiva del Clan, anticipando a Jung y su "inconsciente colectivo". Teniendo en cuenta la longevidad de esta subespecie, no sería algo tan descabellado. Los "viajes" de Ayla y el Mog-Ur, casi lisérgicos, nos traen ese componente de ensoñación que es tan necesario para una buena novela (para meños positivistas e intelectualoides tenemos a otros autores que enarbolan el cetro y la mitra del Saber, arrepentíos todos).

Más complicado es el tema de la supuesta hibridación entre representantes de neanderthal y de cro-magnon. Tampoco los científicos se han puesto de acuerdo aquí, pero en lo que los interesa no vemos ningún inconveniente en la narración (para muestra el hallazgo del Niño de Lagar Velho)

La historia acaba como tiene que acabar en un libro del género: un poco mal y con la incertidumbre de saber qué es lo que pasa con nuestra ya tan querida mujer rubia “que-caza”. Se anticipaba que la salsa necesitaba más perejil, y que habría más libros en un futuro. Auel lleva treinta años en este tema, lo que no hace extrañar que los más fanáticos tuvieran que esperar un poco a que la autora se documentase. Extrañé un par de mapas más en el libro, pero es un detalle casi insignificante en esta obra, la más novelística y mejor construida de todas las de la saga.

Hubo película, protagonizada por Daryl Hannah, de la cual están extraídas las fotografías que aparecen en este blog (dicho sea para salvaguardar los derechos de autor), aunque la crítica es desigual. Personalmente, he visto la película y me parece correcta en cuanto a la trama, aunque un poco naïf, por aquello de la escasez de diálogos, casi como 2001, una Odisea del Espacio. A mí me gustó, pero no creo que sea una película que le entusiasme a mucha gente, porque puede resultar lenta y en exceso extravagante.

P.D: Cuando terminé con El Oso Cavernario sentí que necesitaba leer más, algo que no me suele pasar frecuentemente. Por unas cosas o por otras estaba por aquella época en pleno proceso de adquisición de libros de Egipto, así que no me planteé comprar los de esta saga. Pero un día, curioseando entre las ofertas de un Vips, encontré esta edición tan maja de los primeros cuatro libros:

Y no me resistí. La verdad es que no me arrepiento de haberlo hecho.

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